lunes, 20 de octubre de 2014

Carta a una madre que acaba de perder a su bebé.



Querida Mamá,

Siento muchísimo que hayas podido estar tan poco tiempo con tu bebé. Perder a nuestros hijos supone un drama terrible, horroroso, no hay experiencia humana que iguale el dolor de sentir cómo nuestras vidas, en un brevísimo lapso, se resquebrajan ante el peso de la inevitable realidad que supone el fallecimiento de nuestros bebés.

Querida Mamá, cuando perdemos a nuestros hijos/as, nuestro corazón se rompe en mil pedazos. Para poder recomponerlo y ponernos de nuevo en marcha, necesitamos mucho mucho tiempo, mucho amor, consuelo, cariño, compañía y comprensión. Este amor, este cariño, esta comprensión, no sólo tienen que venir del exterior, sino también, de nosotras. No te odies, no te culpes, no te causes daño pensando que fue por un error que cometiste, por no haberte cuidado lo suficiente, por no haber sido precavida. Muchas veces, en la vida, las circunstancias nos superan, se descontrolan y no podemos hacer nada para evitar que nos ocurran adversidades. No te juzgues, ámate, piénsate, con cariño, con respeto, con comprensión.

Querida Mamá, no sientas que estás sola, muchas otras Mamás y Papás te acompañamos en tu dolor, estamos a tu lado y comprendemos tu pena. Esta pena, este dolor, necesitan ser expresados, sacados al exterior. No escuches consejos dañinos que minimizan tu pérdida, tu dolor. No les hagas caso a esas voces que te insinúan que debes permanecer en silencio y seguir hacia adelante como si nada hubiera pasado. Tu pena, tu dolor, tu pérdida son reales.

Querida Mamá, llora todo lo que tengas que llorar, no dejes de hacerlo, estás viviendo un duelo y tu corazón precisa aliviar su dolor, comunicar su pena. Llora todo lo que necesites, el llorar resulta fundamental para ayudarte a asimilar tu enorme pérdida, a comprender el inmenso drama que supone la marcha de tu bebé. Además, también es importante que hables, que expreses tus sentimientos, no los guardes para ti, comunícalos y recuerda, siempre que lo precises, habla de tu hijo/a, de cómo fue tu embarazo, de cómo te sentías, del dolor y la impotencia que te causan todas las ilusiones que has perdido, los planes que nunca podrás realizar,las vivencias que nunca llegarán. Habla de tu bebé, de que tu pequeño/a estuvo contigo, de que lo sentiste y notaste cómo vivía dentro de ti. Debes saber que tu precioso bebé, tiene su lugar en tu vida y en tu familia. Aunque físicamente, ya no esté a tu lado, existió y siempre estará contigo, en tu corazón, en tus recuerdos, en tu ser. No calles, comunícate, habla con tu pareja, con personas que te acompañen sin juicios, sin opiniones dañinas y que sepan, en estos momentos de profunda tristeza y dolor, darte cariño y cobijarte desinteresadamente.

Querida Mamá, sé por experiencia propia que las primeras semanas y meses tras la pérdida son muy duros. Por favor, cuídate mucho, mímate, come las cosas que más te gusten, si te es posible, algunos dulces, bombones, caprichos. No veas noticias, que no te cuenten penas, ni historias tristes, ahora tienes muy pocas fuerzas y tienes que concentrar toda tu energía en ti misma. Cuando puedas, acércate a un entorno natural, a la playa, al mar, a la montaña, pasea por un lugar tranquilo, bonito, llora si lo necesitas, descarga tu pena. Además, cuando te veas con fuerzas, expresa de alguna forma artística tu dolor más profundo: pinta, escribe, baila, modela...déjate llevar y vacía en ese arte toda tu pena, todo tu dolor.

Querida Mamá, siento que tu pequeño/a se marchara tan pronto. Comprendo tu dolor, yo también se lo que es perder a una hija y es demoledor. Recuerda, no estás sola, somos muchas las Mamás que te comprendemos y te apoyamos. Aquí estoy para lo que necesites.

Te envío todo mi cariño y comprensión,


Elena Mayorga

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Afrontando mi pérdida: Taller de duelo prenatal y perinatal. Málaga 25 de Septiembre.


Independientemente de cómo se produjo la pérdida de nuestros bebés y del momento en que sucedió (embarazo, parto, postparto), todas las mujeres que hemos pasado por esta traumática experiencia atravesamos un durísimo duelo y tenemos que lidiar con sentimientos y emociones tan complejas como la culpa, la soledad, la incomprensión de nuestro entorno, baja autoestima, etc.

En este taller, de forma clara, respetuosa, libre de juicios y prejuicios, abordaremos de forma práctica y vivencial las siguientes cuestiones:


¿Cómo podemos afrontar nuestras pérdidas para poder asumirlas?

¿Cómo vivir un duelo no reconocido por la mayor parte de nuestra sociedad?

¿Cómo abordar nuestro dolor?

Hablar de nuestra pérdida.

Afrontar sentimientos como la culpa, la ira, la incomprensión, la sensación de fracaso.

Reconexión con nuestro cuerpo.

Nuevo Embarazo.

Proceso de transformación y recuperación, aprendizajes.

Fin de duelo.


Taller para madres y padres que han sufrido una perdida pre o perinatal y para todas aquellas personas interesadas o que necesitan saber más sobre este tema.

Dirigido por Elena Mayorga, Licenciada en Filosofía y letras, Escritora, Experta en Crianza y en La mujer y sus emociones (embarazo, parto, puerperio, maternidad, duelo, etc.).

Creadora y editora del blog de apoyo al duelo perinatal y gestacional, Niños del Agua http://ninosdelagua.blogspot.com.es/
Codirectora y coeditora Revista Mente Libre http://www.mentelibre.es/
Creadora y editora de Palabras desde el Corazón: http://palabraselena.blogspot.com.es/

Lugar: Las jirafas saben bailar, Málaga
Fecha: Jueves 25 de Septiembre.
Hora: 18h
Precio: 15 euros, Parejas 20 euros. 
Inscripciones: hola@lasjirafassabenbailar.com o llamando al 649178855







miércoles, 13 de agosto de 2014

Historias de Nuestros Niños del Agua: Dana

Cada uno de nuestros hijos, incluso aquellos que pasaron físicamente poco tiempo con nostras, son los poseedores, por siempre, de nuestro Amor infinito. Todos ellos, también los que marcharon, tienen su lugar en nuestras vidas, su puesto en nuestras familias (el primer hijo, el segundo, tercero, etc.), y desde luego, una importancia enorme en la razón de nuestro Ser. Somos las madres, los padres, que somos, gracias a todo lo que nuestros sabios pequeños nos han ido enseñando a lo largo de nuestra vida.

Nuestros Niños del Agua fueron y serán, por siempre, nuestros hijos. Que se marcharan físicamente, no los aparta de nuestras vidas, no hace que desaparezcan de nuestro ser, no provoca que disminuya su influencia en nosotras. Ellos fueron, son, estuvieron. Ahora están en nuestro Amor, en nuestros corazones, nos han hecho más sabias, nos han ayudado a madurar, a transformarnos, a crecer, a Amar aún más, a ellos y a nuestros otros hijos, a las personas que nos rodean, a toda la humanidad, a tratarles a todos ellos, con todo el respeto, con todo el Amor del mundo.

Nuestros Niños del Agua fueron y serán, por siempre, nuestros hijos. Por siempre, seremos sus madres, sus padres y nuestro Amor, a pesar del tiempo transcurrido, seguirá incrementándose, creciendo día a día, siempre desde el corazón y la razón.

Nuestros Niños del Agua fueron y serán, por siempre, nuestros hijos. Maduramos, asimilamos su marcha, seguimos con nuestras vidas, incluso, aprendemos a vivirlas más intensamente, con más plenitud, de forma más consciente y profunda.

Nuestros Niños del Agua cuando se marchan, tocan nuestros corazones, nos conmueven, nos aportan infinito Amor y conocimiento, como podemos ver y leer en la bella y emotiva carta dedica a la preciosa Dana, que su madre, Eva Blanco, ha tenido la gentileza de dejarme publicar.

Dana, la pequeña bebé que Eva perdió, aunque se marchara físicamente de su lado, siempre tendrá su lugar en su bella familia. Su madre, la amaba profundamente y lo seguirá haciendo por siempre. Dana existió, estuvo a su lado, y su recuerdo perdurará. Un recuerdo que irá transformando la pena, en Amor, el dolor, en Amor, el tiempo, en Amor, el recuerdo en Amor.



Carta de Eva Blanco a su pequeña Dana:


Esto no es una carta de despedida


Querida Dana, cuando quise empezar a escribir sobre todo lo que nos ha pasado mi primera idea fue escribirte una carta de despedida. Después me di cuenta de que, aunque ya me despedí de ti, vuelves a mi cada día, quizás porque no quieres irte, y porque yo no quiero que te vayas. Vuelves a mi cada vez que te recuerdo, y cada vez que alguien en la calle me niega tu recuerdo... Esos "eres joven, ya vendrá otro" que ya he oído demasiadas veces. Cada vez que lo oigo siento que vuelves e intentas gritarles que sigues aquí conmigo, que vendrá otro pero no para suplantarte, sino para acompañarte, para acompañarnos. El día en que supe que eras una chica y te pusimos nombre me quité un gran peso de encima, porque lo que no se nombra no existe. Fue el día en que sentí que por fin podía despedirme de ti, pero a su vez fue el día en que te hiciste real, tan real que nunca te has ido. Te has quedado aquí conmigo para luchar por tu memoria, por la memoria de todos esos bebes que se fueron antes de nacer. "Hijos a medio nacer" os llama Galeano, y que duro suena, tan duro como cierto. Porque aunque no hayas venido al mundo, si has llegado a mi mundo, y has venido para quedarte. Has trastocado mi mundo, no se si lo has hecho mejor o peor, seguramente mejor, pero lo has cambiado tanto que ya nunca será como antes. ¿Cómo voy a pasar pagina y no volver a pensar en ti? Contigo empiezo una nueva vida, una vida que empezó con dolor pero que es una nueva vida, y la acepto tal y como es, así como te acepto a ti tal y como eres, tal y tal como quieres acompañarme.

martes, 8 de julio de 2014

Nombrar la muerte


Hace unos días entablé una interesantísima conversación con una desconocida. En un momento dado, señalando a mi niña, me preguntó si no tenía más hijos. Le contesté, que había tenido otra niña, pero que había muerto muy chiquitita.

La respuesta que le di a la chica me sorprendió. Por lo general, cuando hablaba de mi pequeña Luna, siempre solía decir que había perdido una hija, que se había marchado, que se fue, pero nunca había pronunciado en voz alta la palabra "muerte" para referirme a ella y menos, delante de una persona con la que no me unía ningún lazo de amistad.

Por supuesto, soy consciente, desde que sucedió, de que mi hija ha muerto, pero, supongo que decirlo de viva voz, pronunciar la palabra "muerte", me resultaba demasiado crudo, demasiado duro. Ahora, comprendo que poder hablar y nombrar la muerte de nuestros hijos forma parte del proceso del duelo. Tenemos que estar emocionalmente preparadas para poder pronunciar una palabra tan tabú y de consecuencias tan definitivas.

Más de una vez, he leído reproches o incluso me han preguntado que porqué las Mamás y Papás del Agua buscamos otras formas de nombrar la muerte. (Parece que al no estar nuestro duelo reconocido, siempre tengamos que estar justificándonos, incluso, somos censuradas por no poder pronunciar, verbalizar, una realidad tan desoladora como la muerte de un hijo.)

Para nombrar la muerta, máxime de nuestros bebés, tenemos que sentirnos con la fuerza emocional suficiente como para poder hacerlo. Lo haremos, pero sólo cuando nuestro consciente y nuestro inconsciente estén preparados para poder asumir la realidad de que nuestro bebé murió.

La partida, la marcha, la pérdida, de alguna forma nos parecen temporales. Cerramos los ojos, nos dormimos y anhelamos que a la mañana siguiente, al abrirlos, todo haya sido una pesadilla. Soñamos, con que nuestro bebé siga ahí en nuestras entrañas o ya haya crecido y esté revoloteando a nuestro alrededor jugando y riendo. Sin embargo, no está ahí, se marchó, partió, se fue…por desgracia, murió.

Asumir la muerte y más de un hijo, conlleva mucho tiempo, mucho esfuerzo, muchos procesos conscientes e inconscientes. Una vez más, tenemos que pedir respeto, pedir que no nos juzguen y que nos dejen vivir los tiempos de nuestro duelo sin presionarnos, sin forzarnos.

Por supuesto que sabemos que nuestros pequeños han muerto. Pero, una cosa es saberlo y otra es asumirlo y estar preparada para verbalizarlo.


Texto: Elena Mayorga


martes, 24 de junio de 2014

No estás sola

Has perdido a tu bebé, has pasado por un proceso físico y emocional durísimo y además de tu angustia y de tu profundo dolor, te sientes sola, triste e incomprendida.

Hablas, pero sientes que casi nadie quiere escucharte.

Lloras, pero pocas personas quieren contenerte.

Sufres, pero no encuentras cobijo.

Sin embargo, no estás sola, somos muchas las madres, los padres, que sabemos por lo que estás pasando, cada una portando nuestro propio dolor, pero Todas, compartiendo el mismo, la muerte de un hij@, la pérdida de nuestro futuro común, la marcha de ilusiones y esperanzas.

No estás sola, muchas mamás, muchos papas, te comprendemos.

No estás sola, muchas mamás, muchos papás, hemos pasado por una experiencia similar y podemos acompañarte en tu duelo.

No estás sola, tu bebé siempre estará contigo, en tu corazón, en tu alma, en tus recuerdos y también, en los nuestros.

No calles, habla, busca personas con las que poder hablar de tu pena, con las que poder compartir tus recuerdos. Personas, que te escuchen sin juzgarte. Personas, que te acompañen con su presencia, con su arropo, con su comprensión. 

Habla, escribe, transmite tus recuerdos, comparte tu dolor, permite que te acompañemos en tu pena.

Si sientes que necesitas llorar, hazlo, no te frenes, llora lo que tu cuerpo y tu mente necesiten.

Con ayuda, con apoyo, con tu fuerza interior (ahora tal vez te parece que no existe, pero, te aseguro que la tienes), transforma tu sufrimiento en Amor y en comprensión.

No estás sola, muchas personas, te comprendemos, te acompañamos y te apoyamos.

viernes, 23 de mayo de 2014

Cuando llega la melancolía

Hace dos años, en Mayo, sobre el 18, tendría que haber nacido mi pequeña Luna, sin embargo, no pudo ser, estaba tan profunda y fatalmente enferma que su marcha se produjo varios meses antes de esa fecha.

Cuando echo la vista atrás y veo todo el camino recorrido, todo lo vivido, el profundo pozo que hemos tenido que escalar para volver a la superficie de la vida, me inunda una profunda sensación de melancolía. Creo que siempre dolerán los sueños, las ilusiones que nunca pudieron ser, que jamás serán. Sé que no tendré a mi hija jamás en mis brazos, que no podré abrazarla, mimarla, acunarla, darle de mamar, reír con ella, verla jugar con su hermana, compartir nuestras vidas. La echo de menos, también añoro lo que no pudo ser. Sin embargo, también soy consciente de que esa nostalgia que albergo al recordar todo el proceso vivido no es negativa. Comprendo que estos destellos de melancolía, mi cuerpo,  mi mente y mi espíritu los utilizan como recurso para afrontar la muerte de mi hija, para recordarla, para sentirla y sobre todo para entender el inmenso Amor que albergo hacia Luna, mi Niña del Agua.

Mi melancolía es breve, una sensación momentánea que dejo que inunde mi cuerpo, que entre en mi mente y que toque mi alma. Cuando llega, no deseo ni rechazarla, ni apartarla, la vivo, la siento, la comprendo. Cuando llega, me dejo llevar por ella porque sé que me va a traer recuerdos que tengo que tener presentes, que tengo que asumir, que debo pensar y comprender.

Cuando perdemos a un ser querido, cuando estamos preparadas y emocionalmente maduras, para llegar a alcanzar, en nuestras vidas, serenidad y sosiego, tenemos que enfrentarnos y asumir nuestros recuerdos más dolorosos. Por supuesto, estos recuerdos siempre vendrán aparejados de sensaciones de melancolía, de tristeza, de nostalgia, pero, sabremos que podemos admitirlas e integrarlas en nuestro yo sin que sigan siendo dañinas para nosotras. Duele, siempre dolerá, ahora lo sabemos, pero el dolor lo hemos aceptado, lo hemos integrado y ya no nos impide avanzar y seguir nuestro camino. El dolor está ahí, no podemos obviarlo, pero sí que podemos desmontar la carga destructiva que le otorgamos y que nos impide seguir adelante, que nos ancla y nos esconde en un rincón y no nos deja avanzar. El dolor existe, siempre existirá, pero nosotras podemos cambiar la relación que mantenemos con él, asumiéndolo, enfrentándonos y afrontando nuestras vivencias más dolorosas y terribles.

La vida es un todo, un popurrí de Amor, alegrías, penas, dolor, tristeza, felicidad, risas, llantos, enfados, reconciliaciones, sensaciones, emociones. La vida es un todo y como tal, debemos tomarla, aceptando, sintiendo, emocionándonos y viviendo esa totalidad. 

Texto: Elena Mayorga
Pintura: Christian Schloe