Las Mamás y los Papás del Agua siempre me causan una
profunda admiración. No sólo porque suelen mostrar una valentía encomiable,
sino también, porque a pesar de su profunda pena y de las difíciles
circunstancias que rodean la pérdida de su bebé, siempre sacan fuerzas para
transmitir Amor. Amor hacia su bebé, Amor hacia sus parejas, Amor hacia sus
familias, Amor hacia sus amigos, Amor hacia todos los niños del mundo y todos
los seres vivos del planeta.
Las
Mamás y los Papás que pierden a su bebé atraviesan un proceso por el que, tras
asumir su profundo dolor por la pérdida de su bebé, espiritualmente, acaban
convirtiéndose en las Mamás y Papás de todos los niños del mundo y acaban
trabajando en profesiones (o empleando su tiempo libre) dirigidas a la defensa
y el bienestar de la infancia.
Hoy
queremos traeros la historia de Kai, el pequeño y bello bebé de una mujer que
muchos de vosotros conoceréis Sol Muñoz, Doula. A través de la carta escrita a
su bebé, veremos todo lo que supuso para Sol la llegada y la posterior pérdida
de su precioso bebé. Este es un maravilloso relato de valentía, de tristeza, de
aceptación y de Amor.
Decir adiós cuando nos has dicho
hola, por Sol Muñoz
Hoy hace seis días que tuve
que despedirme de ti para siempre y por fin me he permitido a mí misma estar
triste, sentir rabia, desesperarme... He dejado de disimular, de sonreír como
si no hubiera pasado nada porque claro que ha pasado algo. Hasta ese maldito
jueves por la mañana, donde sentí que me iba a morir contigo, éramos tres
y hoy volvemos de nuevo a ser dos. No dejo de preguntarme cómo pude llorar tan
pronto por mi sobrinito, por el bebé de Feli o la niña de Sonia y haber tardado
seis largos días en llorar por ti. Cómo puede fingir hasta tal punto de estar
en el trabajo con dolores y que nadie se percatara. Cómo puede comprobar que
cada vez sangraba más y no acudir al médico. Me espantaba la idea de que te
sacaran de mí a la fuerza, que me pudieran proponer un legrado me daba
auténtico pavor
Hace años que soñaba contigo, te visualizaba, esperaba que escucharas mi
llamada... mucho antes incluso de conocer a tu papá. Desde el primer momento
intuía que eras una niña y eso que siempre pensé que mi primer hijo sería un
niño y se llamaría Diego. Nunca sabré tu sexo, pero ahora quiero darte la
oportunidad de que seas por siempre mi bebé. Mi bebé de agua porque no llegaste
a superar la etapa gestacional, te quedaste en la época acuática de la vida.
Nos pasamos la vida entera fingiendo ser quienes no somos, esperando
convertirnos en nuestro ideal de mujer u hombre, pero tú serás por siempre mi
bebé. Este espacio pequeñito en nuestra familia será tuyo para siempre porque
desde ahora, esté con quién esté, me presentaré como tu mamá. Como la mamá de un
ser demasiado bello para este mundo. Porque a las personas no se las mide por
la huella del píe, sino por la huella que nos dejan en el corazón y la huella
que nos has dejado es mucho más grande de lo que puede nadie imaginar.
Uno de cada tres embarazos no
llega a término, no sirve de consuelo. Los abortos bioquímicos son muy
frecuentes y los médicos muchas veces ni siquiera los tienen en cuenta. ¿Cómo
digiero esto, si yo sé perfectamente que me acompañabas? ¿Cómo me despido de
alguien al que ni siquiera he llegado a conocer ni a sentir, pero al que he
querido más que a mi misma? No he podido acogerte en mi pecho para alimentarte,
no he podido bañarte, ni hacerte cosquillas, ni decirte lo mucho que te quería,
que te sigo queriendo. Si supieras todos los planes que teníamos para tí. Desde
hace meses hablábamos de tu nacimiento. No queríamos que fuera en un hospital y
ya habíamos barajado todas las opciones. Un parto en casa con personal
cualificado nos parecía lo mejor. Una opción muy cara, pero preferíamos gastarnos
ese dinero en tu nacimiento que en nuestra boda. No he podido darte la
bienvenida que te merecías, pero espero haberte dado una despedida apropiada.
Quiero que sepas que con cada gota de sangre que he derramado en estos días y
con el río de lagrimas que llorado hoy, te he dado las gracias. Eternamente
gracias por haberme elegido, por haberme hecho tan feliz en los ocho días
que supe de tu existencia, en las cinco o seis semanas que te llevé conmigo a
todos los lados sin saberlo. Durante esos días tuve dos corazones latiendo en
mi cuerpo, ¿puede existir algo más sagrado que eso? A pesar del falso negativo
inicial, no perdí la esperanza ni un solo segundo. Comencé a sentirme como
nunca antes me había sentido antes: protectora, dadora de vida, mucho más
plena...
Quiero que sepas que estuvimos
solos tú y yo, ninguna persona extraña te tocó, ni te analizó, no iba a
permitirlo. Te fuiste de este mundo en el mismo lugar donde fuiste engendrado,
no en un hospital donde tu mamá se sintiera cuestionada por batas verdes ni
adormilada por ningún tipo de sustancia. Quise estar plenamente consciente para
tu despedida, igual que estuve plenamente consciente cuando te cree. En los
siete días que te escurrías por mis piernas no puedo recordar qué comí, si es
que comí, las conversaciones que mantuve con la gente o cuántas horas dormí.
No puedo saber si regresarás. Mi racionalidad me lleva a pensar que no, que en
el fondo ni puedes escucharme, ni mucho menos puedes leer estas líneas. Supongo
que lo escribo por mí, para tirar para adelante con mi pena y no hundirme del
todo. Sé que vendrán hermanos tuyos, no sé si gestados en mi útero o en el
útero de otra, porque si hay algo que he aprendido con tu papá es que las
personas que estamos destinadas a conocernos, nos acabamos encontrando en el
camino, a pesar de la distancia, del tiempo y de las circunstancias.
Quiero que sepas que tu papá y yo pasamos diez años caminando por los mismos
caminos, yendo a los mismos conciertos y a la misma asociación sin llegar a
reparar el uno en el otro. Quizás mucho antes del día que nos conocimos
oficialmente, habíamos intercambiado palabras y gestos, pero no podemos
recordarlo. Y es que en el fondo, como dice una hermosa leyenda japonesa, existe un hilo rojo que une
los corazones de la gente que está destinada a conocerse. El hilo podrá
estirarse, tensarse, pero no se rompe jamás. Y hoy sé que mil veces más
volvería a ver a tu padre cruzar la calle sonriendo para dirigirse a mí, y mil
veces más volvería a enamorarme de él. Del mismo modo que, mil veces más tú
volverías a mi útero y mil veces te marcharías sin más, pero yo me mostraría
igual de alegre y agradecida por haber compartido ese tiempo contigo. Tu papá,
tú y yo estamos unidos por ese hilo rojo invisible y eso nadie podrá cambiarlo.
Cuando lleguen tus hermanos, estaremos más preparados y les acogeremos con
mucho más amor si cabe gracias a ti, mi eterno bebé de agua. Por supuesto,
ellos sabrán de ti y que nos enseñaste a dar sentido a la palabra amor.
Al final todo está bien, si no está bien, no es el final. Quiero pensar que es
así y que en esta vida hay tiempo para todo: para reír por tu llegada y llorar
por tu marcha prematura. Ha sido todo en un espacio tan breve de tiempo que a
veces pienso que soy incapaz de asumirlo y me voy a volver loca. Como me dijo
una persona mágica que me he encontrado en este camino: "Morir, nacer, no
es tan diferente". Gracias Sedna por
apoyarme en mi lucha, por decirme una y otra vez que "soy la mejor mamá
para mis hijos porque ellos me han elegido" y por ayudarme a estar
consciente para recordar la cita que fijé hace siglos con mis hijos, los no
nacidos y los que están por nacer. Sin tus sabios consejos nada de esto hubiera
sido igual. Gracias a mi suegro por entenderlo todo sin necesidad de
palabras, por hacer de mediador, por llamarte "mi nieto" sin saber si
quiera que te estábamos buscando. No puedo imaginar al abuelo ideal para ti
porque ya lo tienes. Me lo has descubierto y es algo que también te debo.
Gracias a mi tribu, mis dualitas lindas, por llorar y reír conmigo, a
veces ambas cosas a la vez, que es lo mejor que nos puede pasar. Sois un regalo
y me pienso pasar la vida entera presumiendo de haberos conocido. Gracias a
Miguel por tu abrazo sanador, por no tener miedo en cargar con tu mochila y con
la mía y enfrascarnos juntos en esta aventura de sumar experiencias. Eres mi
espejo, mi luz, mi alma... ¿cómo podría darte las gracias a ti?
Mi bebé, te libero de mi
dolor, mi locura y mi culpa y te permito que sigas tu camino. Puede sonar
esotérico, pero ahora sí que creo que tu alma ha abandonado mi cuerpo gracias a
esta carta que he escrito en una madrugada con una opresión en el pecho que me
impedía respirar y dormir. Por primera vez en mi vida me gustaría creer en
Dios, en el cielo y pensar que algún día me reconocerás allí arriba como dice
esta maravillosa canción. Eric Clapton, su autor, también tuvo que despedirse
de un hijo. Regreso a la cama con tu papá, mi particular cielo en la tierra.
Mil besos mi bebé, me has convertido en mamá y eso es un enorme privilegio. Te
quiere, tu mamá.
Podéis
conocer con más profundidad a Sol a través de su trabajo. Os dejo el enlace de
esta carta que le escribió con tanto Amor a su bebé: